Pasar a la Acción

(8 diciembre 2013)

Después de más de 30 años sin mover ficha y culpabilizar en exclusiva a la ley electoral de todos los males del sistema de la democracia representativa, se empieza a tomar conciencia de una obviedad. Este país ha tenido un grave problema de falta de proporcionalidad en la Ley electoral, ciertamente, pero ha arrastrado también un profundo inmovilismo que ha impedido cualquier ejercicio real de participación y control ciudadano más allá de elegir representantes cada cuatro años, en listas cerradas y bloqueadas.

Ninguna ley impedía un ejercicio permanente de transparencia a los partidos o a las instituciones. Nada prohibía dar cuentas en tiempo real de los ingresos, gastos, créditos o financiación. Nada impedía consultar de forma permanente a lxs afiliadxs, simpatizantes, electores o ciudadanía sobre las decisiones a tomar y nada imposibilitaba haber abierto al control de la ciudadanía los procesos de deliberación tanto en múltiples causas como en la elección de los distintos cargos de representación.

Este largo y férreo ejercicio de opacidad y blindaje no se resuelve con unas primarias abiertas si a continuación se mantiene intacto el sistema de representación en monopolio hasta las siguientes elecciones.

No se trata solamente de renovar a los representantes o los llamados liderazgos en los partidos convencionales, sino de cambiar radicalmente las condiciones y el ejercicio de la representación.

El salto cualitativo y de ruptura lo ha marcado ya la ciudadanía. Deben existir garantías no sólo para participar y controlar el ejercicio de la política y la toma de decisiones, sino para el ejercicio de la democracia directa, es decir para poder ejercer el voto de forma directa en todas las ocasiones que sea oportuno.

Ya existen herramientas para hacerlo. La propuesta que desde Compromis EQUO, llevamos a cabo con el #CongresoTransparente demuestra que es posible y accesible.

Y, en este contexto, por supuesto, las primarias abiertas, no deberían ser una excepción, sino la norma que, de forma natural y sin tanta sobreactuación, determinarán la voluntad y el derecho de afiliados, electores y/o ciudadanía para intervenir en la elección de aquellos que ejercerán la representación en los parlamentos.

Las próximas elecciones europeas, son una prueba determinante de esta voluntad de cambio. El Partido Verde Europeo, al que pertenece EQUO ha optado por unas primarias abiertas paneuropeas para la elección de sus representantes a la presidencia de la Comisión Europea. El debate en estas primarias vincula a la ciudadanía de los distintos países a contrastar propuestas y a construir alternativas desde abajo capaces de confrontar con los gobiernos que en el Norte o en el Sur se han sometido a los dictados del mercado frente a las necesidades de las personas.

Y también decidiremos por primarias abiertas las listas de EQUO en nuestro país para el Parlamento Europeo . No hay improvisación en ello ni golpes de efecto. Se trata de aplicar dentro lo que proclamamos hacia fuera. Es decir, hacemos lo que decimos.

Las primarias abiertas a la ciudadanía son en este momento una condición imprescindible pero no suficiente. El objetivo es la superación de un sistema cerrado de democracia representativa hacia un modelo donde la transparencia y el control ciudadano, así como el ejercicio de la democracia directa, permitan recuperar la capacidad de toda la sociedad. Permitan intervenir en aquellos temas que tienen efectos sobre sus propias vidas y que garanticen poner el interés común por encima de las presiones de los grupos de poder. Por ello hay que pasar a la acción. No hay excusas. Es el momento de hacer las cosas de otra manera. Y en EQUO lo estamos haciendo.

Mayo 2013

(29 mayo 2013)

Dos años después del 15M resulta evidente que aquella acción ciudadana abrió la puerta a un buen número de iniciativas que demandan, de diferentes formas y con diferentes fines concretos, lo mismo: otra forma de hacer las cosas.

En mayo de 2011, después del 15M y antes de saber los resultados de las elecciones municipales y autonómicas, defendía que el 15M y todo lo que significaron aquellos movimientos exigiendo una democracia real había venido para quedarse.

Aventuraba que más allá de la inmediatez electoral y sus previsibles resultados, en mayo del 2011 se abrió un nuevo escenario -impensable hasta hacía muy poco- del que se desprendía una profunda capacidad transformadora y de cambio. Era una reacción contundente frente a los recortes, la precariedad, el paro y la falta de expectativas, pero era además una impugnación al inmovilismo y a un funcionamiento blindado en las burbujas institucionales, sociales y políticas de la democracia representativa.

En la mayoría de los casos, todavía hoy, se sigue analizando con la lógica de la democracia del siglo XX estos movimientos del siglo XXI. Se han visto caracterizados con bastante frecuencia por dos pulsiones: la teoría de que son movimientos “antisistema” en la que no me voy a detener mucho por su propia inconsistencia, y la pulsión de la “ansiedad” por querer representarles desde el propio sistema, con la absoluta convicción de algunos de que lo que pasó en esos días era el resultado de lo que ellos mismos llevaban anunciando, cuando no preparando durante años.

Nada más lejos de la realidad. La impaciencia electoral, con la lenta e inoperante dinámica institucional, produce una incapacidad sonrojante de desaprender, reaprender y ver meridianamente clara una crítica que apelaba muy directamente también a quienes decían representar espacios de transformación.

Entre lo que se ha hecho en estos años y lo que se predica que se ha hecho hay tanta distancia como desde los oasis institucionales cargados de soflamas a las formas de construcción en las calles, las plazas, los espacios ciudadanos y los barrios, donde se ha ido ganado fuerza para la recuperación de la política y para una nueva politización social.

Y mientras se han sucedido en distintas fases relatos, preguntas e interpretaciones interesadas por el lado del sistema, en el lado del activismo ciudadano en estos dos años hemos visto sumar y multiplicar compartiendo conocimientos y, con ello, superar la rigidez burocrática de las instituciones. Hemos visto cercar a los bancos, crecer las mareas, multiplicar acciones bien por la dación en pago o contra la privatización de la sanidad en distintos formatos para distintas causas. Como diría @antonigr en un magnífico repaso por estos dos años, “los que solo buscan frutos (recogerlos, utilizarlos, consumirlos) nunca comprenden bien el tiempo de la semilla y la siembra”. Semillas de cambio y transformación, sea cual sea ahora su grado de maduración.

De lo que se trata ahora es de comprender que por más que se empeñen algunos en remozar el edificio, los cimientos del mismo están profundamente deteriorados y es imposible reconstruir sobre cimientos carcomidos. Comparto con muchos de los que reclaman una revolución metodológica y mantienen que “si la ciudadanía no puede vigilar a sus gobiernos todo se repetirá”.

La cooperación, las decisiones compartidas, la democracia en Red con herramientas para la participación real previenen la corrupción, garantizan la transparencia, permiten construir mayorías sociales entorno a múltiples causas, pero además han demostrado ser más eficaces en la lucha contra un sistema injusto. Después de no temer a nada ya han visto banqueros en la cárcel, repuestas contundentes contra la sangría de los desahucios y grupos de ciudadanos organizados abriendo al conocimiento común muchas de las informaciones que siempre permanecieron ocultas en el lado oscuro del sistema.

Desde mayo de 2011 a mayo de 2013 los gobiernos han seguido la dinámica de recortes y actuando en contra del interés colectivo, pero el activismo ciudadano surgido a raíz del 15M y múltiples movimientos han abierto dinámicas de exigencia y control claves para el cambio y la transformación real.

No más remiendos: reiniciar la democracia

(3 mayo 2013)

Día tras día se resquebraja la credibilidad de las estructuras sobre las que se pactó la Transición. El sistema político e institucional está presidido por una ley electoral injusta por su falta de proporcionalidad y por avalar las listas cerradas y bloqueadas que no conceden capacidad real de elección al ciudadano.

El sistema institucional no ha variado en estos últimos años y los mecanismos de participación real de los ciudadanos en los asuntos que les afectan son inexistentes. Consultas, referendos, revocatorias u otros mecanismos ni están ni se les espera.

El sistema de partidos, además de consolidar un bipartidismo producto de la Ley electoral, tampoco ha introducido elementos de apertura, transparencia o control ciudadano. Las subvenciones públicas a partidos son fijas, por escaño, sin más criterios que la supuesta legalidad contable cuyo control por el Tribunal de Cuentas – además- deja mucho que desear.

Los créditos, las deudas, las obligaciones de rendir cuentas periódicas ciudadanos, la proporción entre ingresos propios y subvenciones, las obligaciones de democracia interna, las dimisiones o los criterios de elegilibilidad han seguido con regulaciones de mínimos o autorreguladas. Eso explica los sonoros escándalos de los despidos pactados a 229.000 € , las denuncias del imputado Bárcenas , los sobres y otras cuestiones del funcionamiento no tan escandalosas, pero que igualmente necesitan regulación y transparencia.

A todo esto le tenemos que sumar la trama Gürtel, los EREs de Andalucía, los escándalos de la Casa Real, la estafa de las preferentes y del sistema financiero, los desahucios escandalosos o la situación de la Justicia. Todo ello demuestra que la corrupción no es cosa de un partido o varios sino de un sistema político en crisis. Hace falta reiniciar la democracia.

Otra  dimensión de la POLÍTICA

(1 de mayo de 2013)

No son momentos de movimientos tácticos, ni de brindis al sol. Son momentos de dar la vuelta a un sistema político e institucional blindado y que opera en contra del bien común

Últimamente abundan llamamientos y propuestas de unidad de la izquierda que, bajo distintos nombres, formulan propuestas parecidas: frentes, bloques o ‘Syrizas’ son algunos ejemplos. Aunque parecen aspirar a una cierta innovación, en la práctica proyectan más una opción en términos de representación electoral que un verdadero compromiso para la recuperación de la política, cuestión en la que hoy por hoy llevan la delantera fundamentalmente las iniciativas ciudadanas u otras opciones políticas no vinculadas a los partidos con representación institucional de las últimas décadas.

Estos llamamientos parten de la lógica de los partidos políticos del siglo XX y tienen una visión de suma de siglas, a las que se añaden, en el mejor de los casos, tímidas propuestas de mayor participación, transparencia o de procesos de elección abiertos a la ciudadanía con la idea de “civilizar” los aparatos de los partidos.

Sin embargo, la ciudadanía hoy ya está construyendo mecanismos de intervención directa y se ha organizado en distintas causas y movimientos. Es el caso de las mareas ciudadanas, la PAH, el 15M, el 25S o Juventud sin Futuro, que no contemplan como única opción la delegación en la democracia representativa asentada en los oligopolios de los partidos.

Estas propuestas permitirían sin duda mover y mejorar porcentajes de voto, y ciertamente esto no es una cuestión menor, pero es insuficiente para construir mayorías sociales para un proyecto capaz de descontaminar la política y poner en el centro de la acción el bien común.

La situación necesita que olvidemos por un tiempo la aritmética electoral y empecemos a hablar de la otra dimensión de la política. Aquella capaz de recoger las mejores tradiciones del republicanismo español: libertad, justicia, educación, igualdad y derechos para todos los ciudadanos. Sumarle la “revolución” que ha surgido de la indignación con verdaderas iniciativas y mareas ciudadanas que han reaccionado ante la ocupación por los “poderes constituidos” de los espacios institucionales que debería garantizar el interés común. Con ello incorporar -además- la urgencia de cambio de modelo de desarrollo, que tenga en cuenta los límites del planeta y el acceso universal e igualitario a recursos esenciales.

No se trata pues de alianzas puntuales. La crisis es demasiado profunda y la contaminación de la política demasiado escandalosa para aplicarle recetas “reformistas” a un modelo de partidos cerrados, bloqueados, que han convivido durante estos años con instituciones producto de la misma lógica.

Se trata de entender que los llamamientos sin hacer autocrítica impiden analizar las causas y las responsabilidades de unas prácticas que nos han conducido a un lodazal impracticable. Se trata de asumir, como diría Ramoneda, que los instrumentos políticos están muy averiados y se deben reparar antes de dar un paso adelante.

No hemos llegado a este nivel de deterioro tan brutal por una única causa, y la superación tampoco se basa en certezas únicas e inamovibles. Hoy la verdadera dificultad no está tanto en un acuerdo programático de mínimos como en comprometer una revolución metodológica que una parte importante de los que están formulando propuestas y llamamientos pasan por alto.

No obstante, esta reflexión no impide plantear alternativas y trabajar para compartir elementos básicos de reparación y recuperación de la política. Lo fundamental en este momento es incorporar nuevas propuestas y compromisos capaces de traducir la diversidad y el pluralismo de las izquierdas, de partidos ecologistas, de partidos internet o iniciativas ciudadanas en la construcción de espacios de cooperación política.

Esto implica en la relación de todos estos espacios diversos pasar de la confrontación a la cooperación, de los bloques a las redes y de las casas comunes a las causas comunes. Un método y unos compromisos que valen también para el proceso constituyente que muchos reclamamos y que en nuestro caso, desde Equo, queremos compartir con otras propuestas, iniciativas y con los ciudadanos.

Si de estas experiencias de cooperación se vislumbra más adelante capacidad para plantear la concurrencia electoral, hay que empezar a revisar y modificar los modelos de alianzas electorales de suma de siglas y trabajar en asambleas ciudadanas propuestas y criterios para la articulación de candidaturas ciudadanas.

No podemos olvidar que formular viejas propuestas para articular algo nuevo no suele funcionar, más que nada por aquello de que “si quieres que las cosas cambien , no hagas siempre lo mismo”.

De la casa común a la causa común

(22 septiembre 2012)

Si queremos que las cosas cambien, no hagamos siempre lo mismo

En otras entradas  sobre recomposición política, reflexionaba sobre la situación de crisis profunda de nuestro país y avanzaba algunas propuestas para superar  dinámicas de  inmediatez o mero cálculo electoral. Concretar compromisos es imprescindible, máxime cuando cada día se conocen nuevos y más motivos para pasar a la acción y poner blanco sobre negro compromisos reales y concretos.

Diferentes  partidos y otros movimientos  están lanzando reflexiones y propuestas.
Se apela al diálogo, a las alianzas, a la apertura  o a los frentes y es posible que esta voluntad en sí misma sea un paso importante. No obstante, para conquistar una nueva hegemonía social y política, para caminar hacia  la democracia de lo común  hace falta superar el inmovilismo, hacer autocrítica, asumir responsabilidades y construir de forma compartida nuevas formulaciones. Es el momento de hablar de limpieza democrática y transparencia, de los efectos de un modelo económico y de desarrollo de crecimiento ilimitado  y del retroceso sin precedentes de derechos y libertades.

Es momento de hablar claramente  de la política contaminada por el  neoliberalismo, el  ladrillismo y por ciertas complicidades con los sistemas financieros que ha afectado la credibilidad de la política, los partidos y las Instituciones.

Redes para el cambio

Queda claro pues, que hablamos de una nueva dimensión de las política y no únicamente de dinámicas y alianzas electorales. (Si es que se pretende en serio superar la hegemonía del pensamiento único y del sistema neoliberal)

La crisis política es de tal magnitud que  están en juego los derechos y  la protección social .Se decide salvar bancos y Cajas sin exigir responsabilidades a los culpables, mintiendo y sin haberlo advertido en campaña electoral. Se está  imponiendo  una única salida, en contra de la ciudadanía y no se permite la más mínima consulta para poder decidir otras alternativas.

Mientras tanto  nuestra inmutable democracia no tiene mecanismos que obliguen a la responsabilidad política de los gobernantes sobre sus acciones, los mecanismos de consulta popular vinculantes, la agilización de la iniciativa legislativa popular, etc.,

Por eso es imprescindible trabajar ya por una Red de Cambio: que abra el debate social y las iniciativas para un proceso constituyente y de regeneración democrática, así como un #referéndum sobre el rescate a los bancos, sus efectos y alternativas.

No se trata pues de acuerdos de organizaciones y sus direcciones, ni sumas de siglas porque los acuerdos, avances y propuestas tendrán que ser sometidos a consulta, a refrendo, con participación y control ciudadano.

La democracia directa, la deliberación, las votaciones electrónicas  son  elementos básicos de participación y toma de decisiones. El funcionamiento actual del sistema político e institucional, no ha permitido salir del círculo vicioso, más que hablar de modelos agotados, hay que mover la ficha del cambio y explicar alto y claro aquello que estamos dispuestos a asumir.

La salida del túnel, será con un nuevo paisaje

Es imprescindible definir nuevos paradigmas de cambio en un mundo globalizado, el modelo de desarrollo, la especulación y el dominio de los recursos son causas determinantes de la crisis, la pobreza y del desequilibrio social y ambiental mundial.  Por tanto hay que encarar los efectos de un crecimiento ilimitado de recursos y consumo y plantear alternativas globales de una economía al servicio del bien  común.

#EQUO representa un proyecto para la ecología política y ello significa un visión y estrategias radicalmente distintas del modelo de crecimiento y desarrollo actual . El modelo productivista, de monocultivo de la construcción -en las que en nuestro país y en mayor o menor medida todos han puesto su granito de arena- o el modelo energético están profundamente contaminados por las tesis  neoliberales .

Por esto, no son momentos de movimientos tácticos, ni de  brindis al sol, son momentos de dar la vuelta a un sistema político e institucional blindado y que opera contra el bien común. Para ello el primer paso debe ser que los partidos políticos pongan sobre la mesa las propuestas concretas, claras y definidas. Creo que para teorizar sobre los cambios, hay que explicar punto por punto los caminos a recorrer.

Convergencia y reconstrucción de las izquierdas

(31 agosto 2011)

En el último post sobre la convergencia de las izquierdas,  analizaba la necesidad de reconstruir las políticas de izquierdas y de progreso pero entendiendo los mensajes que la ciudadanía está enviando para ser capaces de reaccionar, resistir y proyectar expectativas de cambio ante el avance las  políticas neoliberales impuestas  y los riesgos para el futuro.

No  podemos olvidar -y menos con el último conflicto abierto con la  reforma Constitucional  pactada a espaldas de la ciudadanía por PSOE y PP -que en este momento se está cuestionando seriamente una democracia blindada que ha otorgado a la ciudadanía un papel pasivo frente a decisiones que les afectan y sobre las que quieren no sólo votar, sino participar e intervenir.

En este contexto las formas y los métodos son fondo. El  futuro de las izquierdas está  íntimamente relacionado con la regeneración de la democracia y de las estructuras que la desarrollan – entre ellas de forma determinante los partidos políticos.

En un magnífico artículo,  Joan Subirats reflexiona  sobre como en aras a la estabilidad y ante la fragilidad de la democracia los partidos políticos adquirieron en los años 80 el monopolio de la representación y la intermediación política. El mantenimiento cerrado de estas estructuras hoy pasa  factura a las organizaciones y a su capacidad de representación. Dice Subirats ”Los partidos son hoy- con todos los matices que diferencian a unas formaciones de las otras,  estructuras pensadas en clave de conquista y ejercicio del poder desde una lógica electoral y representativa.. Los medios, la tecnificación con gabinetes de asesores y la rapidez con que todo sucede han reforzado todavía más las cúpulas de los partidos y han relegados a sus bases y militantes a un papel pasivo y redundante”.

Si esto sucede con las militancias, la relación con  simpatizantes, votantes o con la ciudadanía es todavía más lejana y distante. Por ello cualquier idea de transformación o estratégica debe de abordar cambios muy serios en el funcionamiento de los partidos, donde la cercanía, la transparencia y la interacción con  la ciudadanía es un punto de partida irrenunciable. Esto  es  importante en general para la democracia, pero es determinante para el futuro de las izquierdas.

Ninguna formulación de pasado va a servir  para afrontar el futuro y menos en momentos donde son precisamente  estos errores y formulaciones los que en mayor medida han afectado a las organizaciones que se reclaman transformadoras. Las urgencias y la dureza del momento no justificaría  reformular con otras palabras las mismas propuestas  y tratar de suplir con movimientos tácticos compromisos que las izquierdas debieron de afrontar desde el momento que iban perdiendo su capacidad de sumar y representar una opción real al pensamiento único.

Las condiciones que en su momento alentaron las políticas de alianzas  y hoy  los frentes amplios o formulaciones similares parten todavía de la idea de los partidos como  estructuras que ejercen casi en exclusividad la representación y la intermediación y olvidan que hoy los ciudadanos actúan y tienen la voluntad de intervenir. Plantean acuerdos entre distintas expresiones y siglas sin entender el nuevo protagonismo que ejerce  el activismo  de los ciudadanos

Sin embargo trabajar por la convergencia  con respeto a  la diversidad es posible.  Es difícil entenderlo como  opción táctica para resolver en dos meses pero es la visión estratégica que debería definir el modelo de relaciones para el futuro entre las diferentes  opciones  que  pudieran  compartir los elementos básicos  de  lucha y acción para una sociedad más justa, igualitaria, con protección social,  derechos  y  capaz de proteger el futuro del planeta.

EQUO nació con esta voluntad. Más movimiento que partido, estructuras horizontales más que jerárquicas y mestizaje con el activismo de bases sociales y ciudadanía para no solo pedirles opinión o compartir  discursos y  propuestas sino para afrontar con ellos un nuevo contrato de compromiso con la sociedad. La gente hoy no quiere solo conocer respuestas, quiere organizarlas. Esta lógica inspira también las propuestas sobre el funcionamiento de las Instituciones, la participación y control ciudadano o la reforma electoral

La nueva convergencia de las izquierdas- en una democracia que muestra signos de agotamiento y en un marco de avance y hegemonía de las políticas conservadoras- deberá  significar  una cultura política en sintonía con   la  inteligencia colectiva  y el activismo  que han desarrollado los movimientos  de indignados, 15M o Democracia Real Ya a través de las redes sociales, la deliberación pública,  la paralización de los desahucios y las reivindicaciones económicas, sociales o ambientales debatidas en las plazas y en los barrios.

Estamos en un  cambio de época y de transición, donde  los partidos,  organizaciones sociales , sindicales o colectivos que se reclaman transformadores, anticapitalistas, de izquierdas o  ecologistas tendrán que aprender a convivir  y a compartir –desde identidades diversas–propuestas, causas  y  estrategias. La base de propuesta programática, es fundamental, pero lo es de la misma manera también la propuesta para el compromiso con los avances democráticos.

En  estos momentos  la ciudadanía no ve  en los partidos o alianzas de “formulación clásica” la verdadera capacidad de transformación que están reivindicando. Por ello de  la  manera  “de hacer” en  este momento  dependerá en gran manera el futuro de las políticas de izquierdas y de progreso en España o en Europa. Sólo la capacidad de repensar  y cambiar podrá alumbrar  amplios movimientos superadores de las estructuras convencionales capaces de reaccionar, resistir y generar alternativas para  impugnar  un sistema  profundamente  injusto  y un modelo de desarrollo capaz de imponer la barbarie.

Por eso las teorizaciones sobre frentes, alianzas o unidad   no pueden ser  llamamientos abstractos  y requieren un diálogo  de largo aliento,  mucho más allá de las urgencias y dinámicas electorales y superadoras de un modelo partidario e institucional  “profundamente  debilitado. Iniciar estos diálogos sin presión, ligeros de equipaje y con voluntad de cambio es la mayor contribución que podemos hacer para transitar del actual modelo de partidos con lógica electoral y representativa a un modelo de movimientos donde será posible, seguir trabajando sin ritmos y condiciones imposibles, para vislumbrar fórmulas diversas  para una dinámica de convergencia, de progreso y de cambio. A pesar de las urgencias y de las travesías que nos pueden esperar, saber a dónde nos dirigimos y como, es más importante, que apuntalar viejas estructuras.

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